Mulato soy
y no me avergüenzo.
Mi grito no es consigna barata repetida en los circulos intelectualizados más revolucionarios.
Es más que eso,
es vida,
sabor,
piel.
Es paso prolongado de una historia.
Marca profunda de una identidad sellada de reveldía.
Mi mulataje carece de hipocresías de trenzas crespas carentes de emoción.
No es el rostro demacrado por la causa.
Es mucho más que eso.
Es movimiento sabroso,
música de areito que es palo.
Música de palo que es ... palo.
Es siglo de clandestinidad obligada,
de historias encerradas en libros importados.
Tanto silencio ensorde los oidos,
tantas palabras enmudeciendo la vida.
Hoy se levanta la raza
y con un grito desgarrador proclama:
ni es clandestino, ni es consigna ... el color existe.
(Febrero 26, 1992)
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