Llegaste con tus maletas creando un malestar en mi universo.
Aprisionada quedaste en mis barrotes y ya no quisiste salir.
Estoy cansada,
los ánimos de recrearme también se mudaron.
Fueron espantados como pájaros asustados al ritmo de pasos inconscientes.
No tenías derecho.
No tienes derecho de hacer muertos en vida.
Un hedor profundo sale de mi piel marchita de paz,
envejecida de amor.
(Febrero 27, 1992)
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