Esperando que llegues me senté sobre mis pensamientos
y pensé tantas cosas:
pensé en los ojos gastados por la vida
pensé en las sonrisas marchitas de niños y niñas embarazados de hambre
pensé en dentaduras espejos de ansias que se muestran nerviosas en cada pregón
pensé,
además,
en millones de manos abiertas a la dicha y la ilusión.
En inmesidad de pasos,
en eternidad de sueños vendidos y estrujados
y pensando en tí, pensé en las infidelidades que me extenuan.
Vivo mi quimera servidora,
vivo mi dicha de Ser.
Las ataduras me ahogan
No deben existir cadenas de discordancias injustificables .
Esos ojos me piden mucho ...
esas manos me urgen
Quiero vivir mi opción con todas sus consecuencias
Quiero vivirme en ellos,
renacer día a día,
en los ensueños realizables de una práctica coherente.
(Marzo 24, 1992)
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