viernes, 29 de febrero de 2008

SEÑOR

Alabadado sea tu nombre.
Señor dador de vida.
Esperanza de humildes y caminantes
que no se han intelectualizado tanto como para dejar de creer en tí.
Utopía realizable en espacios infinitos:
Te doy gracias porque tu nombre se hizo carne en el pobre y hueso en la promesa.
Gracias de todo corazón
porque das la conciencia y engendras entendimiento.
La Calle es tu casa,
el monte tu descanso
y tú eres en mí.
Todo el pueblo anhela sanar las heridas
y tú,
en el trají de cada día,
eres el aliciente mejor.

(Marzo 27, 1992)

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